Ben Affleck irrumpió en el panorama tecnológico con un proyecto que, a primera vista, podría parecer modesto, pero que encierra una ambición clara: defender la esencia humana en la creación de historias en un mundo cada vez más dominado por la inteligencia artificial. En 2022, el actor y director fundó InterPositive, una empresa que ha operado con discreción desde su sede en Los Ángeles, pero cuyo propósito resuena con fuerza en una industria donde la automatización amenaza con redefinir los límites de la creatividad.
A diferencia de plataformas como Sora de OpenAI, que generan videos completos a partir de simples indicaciones de texto, InterPositive no busca reemplazar la imaginación ni la intención artística. Su enfoque es otro: perfeccionar lo que ya existe. La compañía se especializa en herramientas de postproducción que resuelven problemas técnicos, como errores de continuidad en escenas, ajustes de iluminación o correcciones en el entorno, sin alterar el núcleo creativo de una obra. En palabras del propio Affleck, el objetivo es “preservar lo que hace humana la narración humana: el juicio”, un principio que refleja su preocupación por proteger el espacio de los artistas en un ecosistema donde la tecnología avanza a pasos agigantados.
El actor ha sido enfático al señalar que su empresa no pretende interferir en el proceso narrativo. Más bien, su misión es aliviar las cargas técnicas que, en muchas ocasiones, consumen tiempo y recursos valiosos durante la edición. Para Affleck, se trata de una responsabilidad compartida con sus colegas: garantizar que la creatividad humana siga siendo el motor de la industria, incluso cuando las máquinas puedan realizar tareas con mayor eficiencia. En un comunicado, dejó claro que las herramientas de InterPositive están diseñadas para servir como aliadas, no como sustitutas, de los profesionales detrás de las cámaras.
La apuesta de Affleck llega en un momento clave. La inteligencia artificial ha irrumpido en el cine, la televisión y la publicidad con herramientas capaces de generar imágenes, diálogos e incluso guiones completos en cuestión de segundos. Sin embargo, su compañía parece nadar a contracorriente, priorizando la precisión técnica sobre la automatización creativa. Mientras otras empresas exploran cómo reemplazar procesos humanos, InterPositive se concentra en optimizarlos, asegurando que el toque personal —ese detalle que solo un director, un editor o un guionista puede aportar— no se pierda en el camino.
Aunque la empresa ha mantenido un perfil bajo, su filosofía ha generado interés en una industria que debate constantemente los límites éticos y prácticos de la IA. Affleck no es el único en cuestionar el rumbo que está tomando la tecnología en el entretenimiento, pero su enfoque, centrado en la colaboración entre humanos y máquinas, ofrece una alternativa que muchos ven como necesaria. En un futuro donde la línea entre lo artificial y lo auténtico se desdibuja cada vez más, proyectos como InterPositive podrían convertirse en un faro para quienes creen que, al final, lo que hace única una historia no es la perfección técnica, sino la mirada humana detrás de ella.


